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Published on October 28th, 2013 | by admin

Cerrando Ciclos

CERRANDO CICLOS

Javier Pineda Bruno.

Hoy, me sorprendí a mí mismo sumido en una profunda reflexión. Me percaté que los años se me vinieron encima y que diversas etapas de mi existencia habían llegado a su fin. Todo parece indicar que mi ciclo laboral profesional ya concluyó y que la pendiente de mi vida inició su declive.

Todo comenzó en febrero de 1980. En esa época mi panorama estaba pintado de un tono muy gris, al que le faltaba muy poco para ser negro. Arrastraba una materia que me impedía concluir el bachillerato, acababa de sufrir una lesión muy seria que condicionó, en un altísimo porcentaje, mi desempeño futbolístico y, lo peor, estaba convencido de que yo no resultaba atractivo a las mujeres. Por si fuera poco, la situación económica en la casa era muy precaria. Había que trabajar, pero no sabía hacer nada y un estudiante en mi condición no era nadie.

En ese orden de ideas, mi hermano Servando me consiguió un empleo de Auxiliar de Intendencia, en el entonces Departamento del Distrito Federal (DDF). Confieso que me daba mucha vergüenza que la gente me viera haciendo el aseo. Además, mis compañeros de trabajo eran muy distintos a mí, ellos se conformaban con su vida sin aspiraciones y vivían para hacer trampas todo el tiempo y en lo que se pudiera.

Afortunadamente, concluí la preparatoria y mi primo Huber Macedo me consiguió un empleo como Jefe de Oficina, en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Esto fue en 1985 y para entonces ya había cubierto más del 50% de las materias de la carrera de Licenciado en Derecho, en la propia máxima Casa de Estudios. Al poco tiempo fui promovido al puesto de Abogado Auxiliar y con el transcurso de los años me convertí en Subjefe y Jefe del Departamento de Asuntos Penales, de la Dirección General de Asuntos Jurídicos. En septiembre de 1993 me pidieron la renuncia porque “necesito su plaza”, según me dijo el titular de la dependencia. Me fui con un dolor profundo y una tristeza infinita, puesto que mi separación fue totalmente injusta, pero, sobre todo, porque tenía que abandonar la Universidad Nacional, uno de los amores absolutos en mi vida.

En noviembre de ese 1993 ingresé a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), como Visitador Adjunto, y Dios, las circunstancias, el destino, la causalidad o todos juntos, posibilitaron que me tocara elaborar la Recomendación número mil en la historia de la Institución.

En 1997 decidí renunciar a la CNDH, consciente de que mi ciclo en esa dependencia no había concluido, pero muchos de mis amigos y jefes se fueron a la Procuraduría General de la República (PGR) y me invitaron a colaborar con ellos. Acepté y en marzo de 1997 ingresé a la PGR, como Agente del Ministerio Público. A los seis meses fui promovido al cargo de Jefe de Unidad Fiscal Especializada. Con el cambio de sexenio, en el año 2000, tuve que salir de la Institución.

Posteriormente, me dediqué al litigio durante algunos meses, pero no era algo que me gustara tanto como el servicio público, así que, por lo mismo, duré muy poco en esa actividad.

Estuve desempleado casi dos años y en ese lapso mi esposa se hizo cargo de todos los gastos, incluidos los míos, sin pronunciar jamás una queja o reclamo hacia mi persona. Ella sabe todo lo que valoro su apoyo en esos terribles días y desde aquí le envío el mejor de mis besos, además de reiterarle que el último de los latidos de mi corazón también será para ella.

Durante 2002 reingresé, dos veces, a la PGR, pero en ambas ocasiones duré mes y medio.

En 2003 retorné a la UNAM, de febrero a julio, como Abogado Auxiliar, pero renuncié porque me ofrecieron trabajo en la PGR, como Subdirector. En 2008 me ascendieron a Director de Área y con ese cargo salí de la Institución, nuevamente por el cambio de sexenio, pero ahora en febrero de 2012.

En marzo de 2012 reingresé a la CNDH, como Visitador Adjunto. Ese retorno me puso feliz, porque siempre quise volver a laborar en esa noble Institución para concluir mi ciclo. Aunado a lo anterior, ya estaba pensando en jubilarme y hacerlo en esta dependencia resultaba lo mejor para mí. Sin embargo, sin mediar explicación, fui despedido en marzo de 2013.

Desde esa fecha hasta hoy he buscado trabajo en distintos lugares, pero no lo he conseguido. Tal parece que mis capacidades laborales tienen fecha de caducidad y que ésta ya se cumplió. Ésa es una de las grandes paradojas que tiene el servicio público: primero te capacitan, luego demuestras tu idoneidad y al final resulta que ya no reúnes el perfil para continuar desempeñando una tarea que conoces perfectamente.

Debo confesar que no se cumplió mi proyecto personal de laborar unos tres años más y después jubilarme. El retiro me llegó obligadamente y ello me deprimió a grado tal que me alejé del mundo un rato, sin ese impulso vital que ha movido todos mis actos desde siempre.

Hoy, ya me recuperé y estoy descubriéndole las ventajas a mi nueva condición: los horarios ya no son lo más importante, tengo tiempo para realizar las actividades que postergué durante muchos años, disfruto sin restricciones a mis amigos y familiares, pero, sobre todo, tengo la enorme dicha de deleitarme con la magia cotidiana de mi cada vez más bella y amorosa mujer, la Ali de mi corazón.

Agradezco profundamente a los amigos, compañeros y jefes que conocí en el servicio público su amistad constante y su afecto permanente, particularmente a: don Poncianito, Huber Macedo, Iris Oliver, Margarita Muñoz, Fernando Santiago, José Luis Aceves, Alfonso Molina Alvear, José de Jesús Izquierdo, Rosa Isabel Estrada, Carlos Puga, Luis Raúl González, Ismael Eslava, José Aguario, Alejandra Millán, Leticia Uribe, Francisco de Jesús Díaz, Pascual Moreno, Rosario Vigueras y Ricardo Pineda.

Todo parece indicar que mi ciclo laboral ya concluyó, aunque intentaré prolongarlo un poco más. Siempre me conduje con pleno apego a los valores que rigen el servicio público y la patria no me lo ha demandado aún, espero seguir así. Disfruté cada etapa de mi paso por las dependencias donde estuve, excepto en el DDF y puse lo mejor de mi persona. Tengo la satisfacción del deber cumplido, salvo prueba en contrario.

He comenzado a despedirme de las personas a las que difícilmente volveré a ver y que nutrieron mi vida de diversas formas y en distintos grados. Un abrazo permanente para todas ellas.

El resto de mis días los dedicaré a disfrutar esta nueva forma de vida y evitaré, a toda costa, convertirme en un Martín Santomé o en un Benjamín Chaparro, personajes de Mario Benedetti en La tregua y de Eduardo Sacheri en El secreto de sus ojos, respectivamente, novelas que recomiendo


About the Author

is a fictional character in the animated television series The Simpsons. He is voiced by Harry Shearer and first appeared in the episode "Krusty Gets Busted". He is a grumpy, self-centered news anchor, hosts the Channel 6 news, as well as Smartline, a local current-affairs program.