INICO COLUMNAS !Chigüez! EL CINE PINEDA
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Published on October 28th, 2013 | by admin

EL CINE PINEDA

Mucha gente de antes, como yo, está convencida que el Zirándaro de ayer era mucho mejor que el de ora. Vivíamos más tranquilos, aunque sin tanta tecnología. Me atrevo a decir que éramos más felices, pese a que desde el punto de vista económico estuviéramos bien jodidos.

Por lo mismo, con mucha frecuencia le doy permiso a mi mente para que se ponga a buscar en el pasado, en esos días en los que ser zirandarense era sinónimo de felicidá o de bienestar, cuando menos.

 

Uno de los mayores atractivos de aquella época era el Cine Pineda, propiedá de don Marcelo, del mismo apellido, y las funciones que presentaba con frecuencia. Algo que emocionaba a los guaches de mi edá eran Las pruebas, es decir, los cortos de las siguientes películas que se iban a proyectar. Debido a que el cine era al aire libre, la función tenía que ser, necesariamente, por la noche, a partir de que la oscuridá se hacía presente.

Las pruebas duraban muy poco, así que uno ya sabía que en cuanto sonara determinada melodía en las bocinas del cine, debía irse corriendo, si es que deseaba ver los cortos. Así pues, la guachada llegaba velozmente de distintas partes del pueblo. Una vez que se terminaban los avances de las películas retornábamos a nuestras casas comentando lo que habíamos presenciado en la pantalla y con la promesa de ir a ver la cinta, si es que nos había gustado.

Los días que había función se transmitían dos películas, mayormente mexicanas, porque las americanas no les gustaban a todos. Antes de que comenzara la proyección se escuchaba la voz cálida de don Manuel Huerta, quien se encargaba de anunciar los filmes de ese día y el reparto de cada uno de ellos. Para amenizar la espera ponía diversos temas musicales hasta que daban las ocho de la noche y todo mundo sabía que cuando terminara de tocarse la canción de El zopilote mojado o Polkas del Norte iniciaría la primera película, así que había que darse prisa para llegar a tiempo y alcanzar las primeras bancas, para ver mejor la función.

La taquilla la atendían, mayormente, Hildita Peñaloza y/o don Chuche Martínez, mientras que dona Lupita Peñaloza, la esposa de don Marcelo, era la que recibía los boletos y permitía el ingreso. En todo momento podía uno salir a comprar distintas golosinas a la paletería o a los puestos de don José Matías, de Topalita, de don Daniel Damián, de Conra Reyes y si el hambre era mucha había que pasar antes a los puestos de enchiladas de Barbarita, de Isidra, de Las Tinoco, de Lala o de las hijas de Lencho Ponce.

Mis amigos y yo nos sentábamos y acostábamos en el piso, que casi siempre estaba caliente por estar expuesto al rayo del sol todo el día. Los señores y señoras ocupaban las primeras bancas y los últimos asientos eran utilizados por los novios o los que apenas andaban queriendo serlo, unos se abrazaban y besaban, pero otros hasta hacían pleberías.

Durante la transmisión de las películas la mayoría de la gente estaba del lado de los personajes buenos, como El Santo, cuando éste luchaba en el ring y lo estaban dominando, se oían comentarios que decían: “se está dejando, se está dejando” y cuando finalmente ganaba se escuchaban los aplausos, los gritos de felicidá y el infaltable: “a lo vites, te dije que se estaba dejando”.

Había algunos, como mi abuelita, que sufría cuando alguien en la película era lastimado y decía frecuentemente: “pobrecito”, pero cuando el malo de la trama era castigado, comentaba: “¡ándele, así está bueno, pa´ que se le quite!”.

Otros, se ponían tristes porque creían que si mataban a un artista en la película, se moría de verdá.

Con el establecimiento del Cine Pineda quedaron como simple referencia anecdótica los esfuerzos de don Ramiro Dávalos y su esposa Fausta por proyectar funciones de cine muchos años antes. Dicen que la noche de la proyección, doña Fausta le decía a todos que entraran al cine, que si no tenían dinero después le pagaran. Ante tal oferta muchos ingresaban, pero a la mañana siguiente, muy temprano, La Güerita les iba a cobrar y los deudores contestaban:

– ¡Chigüez Faustita, si tuviéramos dinero te hubiéramos pagado desde anoche!

De igual forma, comentan que en algunas funciones don Ramiro, que era el que operaba el cinematógrafo, se quedaba dormido y la gente gritaba:

– ¡Doña Fausta, doña Fausta, despierte a l´amo Ramiro, porque los monos andan peleando allá en el cerro!

Ello quería decir que la proyección se había salido de la pantalla y los actores no se veían.

Hasta la próxima.


About the Author

is a fictional character in the animated television series The Simpsons. He is voiced by Harry Shearer and first appeared in the episode "Krusty Gets Busted". He is a grumpy, self-centered news anchor, hosts the Channel 6 news, as well as Smartline, a local current-affairs program.